Tentayape visitando Evo en palacio
 
 
 
Tentayape - Ava Guarani
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Hace 113 años, en 1892, hubo una masacre en Curuyuqui y murieron miles de ava-guaraníes defendiendo, con ar-cos y flechas, su territorio. Una parte de los que sobrevivieron a la matanza efec-tuada por el Ejército boliviano, fue escla-vizada por los hacendados que les usur-paron sus tierras; otra parte se refugió en bosques inhóspitos; otros escaparon a la Argen-tina; otra parte, en especial mujeres y niños, fueron llevados a los pueblos para que trabajaran como sir-vientes y, en el desbande, hasta se pro-nostico el fin de la Nación Guaraní.

Años después, en una de las haciendas que se beneficiaron con la mano de obra guaraní, nació Bacuire, el actual guía espiritual de la Comunidad Libre Tentayape.

...ni escuela ni religión foránea...


Su juventud coincidió con los aprestos bolivianos para la guerra con el Paraguay (1932 - 1935, promovida por dos transnacionales del petróleo) y, al igual que muchos ava, fue obligado a realizar trabajos forzados, a pala y pico, para abrir caminos hacia la frontera. Era común que los ejecutaran cuando se resistían a trabajar o que los soldados bolivianos violaran a sus mujeres.
 
Luego, Bacuire trabajó con un patrón que negociaba llevando víveres, cargados en sesenta burros, hacia los campos de batalla: una empresa tan dura, que después de caminar un año por bosques intransitables, le dijo a su patrón: “Entregame a los soldados. Yo estoy muy cansado de andar. He alcanzado a llegar hasta aquí, pero con mucho dolor”. Y de esa manera fue soldado. No tenía otra alternativa.
 
Al concluir la contienda caminó hasta la Argentina para visitar a su gente y volvió a Tentayape decidido a crear un refugio para los ava que escapaban de las haciendas. Escogió la ruta más difícil para sobrevivir a la derrota de su pueblo y, armado de coraje e inteligencia, se dio a la tarea de conservar la semilla de la Nación Guaraní. En ese tiempo, la autoridad comunal era Morenque y, a la muerte de éste, le sucedió Bacuire.
 
Como primera medida decidieron que no habría escuela ni religión foránea, entre otras razones, porque la escuela del ‘abc’ y la escuela del Dios expansionista, los dividió y fue determinante para su derrota en Curuyuqui.
 
En Tentayape, hasta hoy, sólo se habla guaraní y conservan sus hábitos y valores culturales. Su música y su arte es el de siempre y, a diferencia de otras comunidades guaraníes, donde en mayor o menor grado perdieron su identidad, en Tentayape todos tienen nombres originarios. Los varones conservan el cabello largo y las mujeres visten tipoi y pintan sus rostros. Su filosofía de protección a la naturaleza está intacta y es tan sabia, que los depredadores recibirán el peor de los castigos: al morir se transformarán en protectores de la especie que más depredaron y tendrán que cuidarlos eternamente.
 
No conocemos otro caso donde una comunidad haya recurrido al analfabetismo para sobrevivir a la fobia racista. Pero aclaremos: escuela no es sinónimo de conocimiento, ni analfabetismo es sinónimo de ignorancia.
 
En Tentayape tienen otra escuela. Una ‘escuela’ para la que ni siquiera les interesó buscar un nombre. Una escuela alegre y permanente que funciona cuando sueñan con sus dioses para pedirles un animal silvestre. Funciona cuando las mujeres se bañan en las madrugadas antes de llenar sus cántaros, cuando los hombres acarician la tierra, cuando los niños cuidan chivas o buscan leña, cuando se juntan para decidir qué hacer con un enfermo, cuando las mujeres peinan la cabellera de sus hombres por el placer de mimarlos, cuando los abuelos narran cuentos y fábulas de su rica mitología o mientras preparan la bebida de maíz que traerá a los muertos para que compartan la alegría de las fiestas, porque los que se fueron son la raíz y están presentes en la tierra, en los pájaros o en los árboles que se alimentaron de sus osamentas, para alimentar el círculo de la vida.

Tomado de David Acebey, "La Escuela de Tentayape".