el pueblo clama por la renuncia de Mesa
 
Decimos a las Naiones Unidas: " Borren la hoja de la coca de sus listas sacrílegas".
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Bajo el lema 'contra la erradicación de la coca, para la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria de una Asamblea Constituyente', el MAS junto a otras organizaciones sindicales y sociales, luego en febrero de 2003 se opuso frontalmente al impuestazo, el nuevo gravamen directo, progresivo y no deducible, de hasta el 12,5%, con el que el Gobierno esperaba recortar el déficit fiscal. Los días 12 y 13 de febrero de 2003, La Paz y sus alrededores fueron verdaderos campos de batalla que enfrentaron a miles de manifestantes, policías en huelga y soldados encargados de imponer el orden
Evo en 2002

Las refriegas, de inaudita violencia, se saldaron con 33 muertos y dos centenares de heridos.

A comienzos de octubre, por cause de la decisión del Gobierno, de que el gas de Tarija fuera explotado por un consorcio internacional, nuevas manifestaciones, paros cívicos y cortes de vías empezaron a colapsar La Paz, mientras que en El Alto, a 14 Km. del centro de la capital, los violentos choques entre los movilizados y las fuerzas policiales y militares fueron dejando un reguero de muertos. El Gobierno habló de un proceso de "golpe de Estado", pero no se atrevió a declarar el estado de sitio, mientras que la Iglesia católica y diversas ONG denunciaron "una verdadera masacre". El 13 de octubre Sánchez de Lozada anuncio en suspenso los planes sobre el gas y convocaba a un diálogo nacional. Morales y los otros líderes de la protesta rechazaron el dialogo: lo que el presidente tenía que hacer ahora era abandonar el poder. La dramática jornada del lunes 13 de octubre terminó con 28 muertos, casi todos producidos en la urbe alteña, lo que elevaba a 63 las víctimas mortales producidas en el último mes en todo el país.

El 17 de octubre, tras enviar una carta de renuncia al Congreso, Sánchez de Lozada burló sin dificultad el dispositivo de vigilancia improvisado por los enardecidos seguidores de Morales en torno al Palacio Quemado. Esta misma noche, el ya ex mandatario tomó en Santa Cruz de la Sierra un avión que le condujo a Miami, primera parada de su exilio en Estados Unidos.

A la misma hora, en La Paz, el Congreso Nacional formalizo la investidura del vicepresidente Carlos Diego Mesa Gisbert, aceptable a la oposición porque cuatro días antes había decidido retirar su apoyo al presidente "porque los acontecimientos se han venido desencadenando ininterrumpidamente con un coste de vidas humanas que mi conciencia de ser humano y de vicepresidente, y de hombre comprometido con la ética, no puede tolerar".

Mesa, quien quería "romper los escenarios de confrontación" que habían llevado el país al caos, proponía la convocatoria de un referéndum "vinculante" sobre la cuestión del gas, la modificación de la Ley de Hidrocarburos para permitir recaudar más al estado y el lanzamiento de la Asamblea Constituyente.

Con eso, Morales y los demás líderes opositores le concedían una tregua social de 90 días al nuevo presidente. Pero la suerte de Mesa estaba echada. Entre un congreso que vacilaba en aprobar las reformas propuestas por el presidente y las masas radicalizadas en la calle, Evo Morales, para no quedar a la zaga de la CSUTCB, la Fejuve, la COB y demás organizaciones sociales y laborales que demandaban la recuperación por el Estado del gas y el petróleo sin consideraciones de ningún tipo con las compañías privadas, iba a jugar un papel determinante, como lo había jugado en la caída de Sánchez de Lozada.

El 5 de diciembre de 2004, en un ambiente caldeado por la emergencia de las movilizaciones callejeras, el estallido de unas bombas de naturaleza claramente terrorista y la denuncia por Morales de que las Fuerzas Armadas y la Embajada estadounidense estaban preparando un golpe de Estado, se celebraron elecciones municipales y el MAS, por primera vez, fue la fuerza más votada con el 18,4% de los sufragios en todo el país. Su retroceso de más de dos puntos en relación con las presidenciales de 2002 quedó eclipsado al ser la única fuerza que crecía con respecto a las municipales de 1999: todos los partidos importantes del centroizquierda, el centro y la derecha cayeron en picado.

Cuando en mayo de 2005 la Cámara de Diputados, al tratar de la nueva Ley de Hidrocarburos, no recogió el deseo que las regalías fueran del 50%, deseo que a estas alturas ya era una exigencia indeclinable para el MAS, Morales arengó la enésima tanda de protestas antigubernamentales, en las que decenas de miles de indígenas, campesinos y mineros protagonizaron marchas, paros y bloqueos.

Ante la imposibilidad de contener el pandemónium que se había adueñado del país, Mesa dimitió con carácter irrevocable el 7 de junio.

La noche del 9 de junio, en un desenlace reclamado por el MAS y sus aliados, y asumido también, en aras de la paz social, por las Fuerzas Armadas, la Iglesia católica y el propio Mesa, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, un juez cuyo apoliticismo debía facilitar la distensión que el país urgentemente necesitaba, fue designado el nuevo presidente de la nación.

En un clima inmejorable para la realización de sus expectativas, Morales y los suyos se prepararon para las elecciones con el lema 'Somos pueblo, somos MAS'. El 18 de diciembre bajo las banderas de la nacionalización de los hidrocarburos y la abolición del sistema neoliberal, Morales ganó la presidencia con un impresionante 53,7% de los votos, con una participación del 84,5% del electorado nacional.
"La política es la ciencia para servir al pueblo y nosotros vivimos para la política y no vivimos de la política. Ha llegado la hora del cambio, de la esperanza, de un futuro mejor para nuestros hijos y para nuestros nietos."