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Las
refriegas, de inaudita violencia, se saldaron con 33 muertos
y dos centenares de heridos.
A
comienzos de octubre, por cause de la decisión del
Gobierno, de que el gas de Tarija fuera explotado por un consorcio
internacional, nuevas manifestaciones, paros cívicos
y cortes de vías empezaron a colapsar La Paz, mientras
que en El Alto, a 14 Km. del centro de la capital, los violentos
choques entre los movilizados y las fuerzas policiales y militares
fueron dejando un reguero de muertos. El Gobierno habló
de un proceso de "golpe de Estado", pero no se atrevió
a declarar el estado de sitio, mientras que la Iglesia católica
y diversas ONG denunciaron "una verdadera masacre".
El 13 de octubre Sánchez de Lozada anuncio en suspenso
los planes sobre el gas y convocaba a un diálogo nacional.
Morales y los otros líderes de la protesta rechazaron
el dialogo: lo que el presidente tenía que hacer ahora
era abandonar el poder. La dramática jornada del lunes
13 de octubre terminó con 28 muertos, casi todos producidos
en la urbe alteña, lo que elevaba a 63 las víctimas
mortales producidas en el último mes en todo el país.
El
17 de octubre, tras enviar una carta de renuncia al Congreso,
Sánchez de Lozada burló sin dificultad el dispositivo
de vigilancia improvisado por los enardecidos seguidores de
Morales en torno al Palacio Quemado. Esta misma noche, el
ya ex mandatario tomó en Santa Cruz de la Sierra un
avión que le condujo a Miami, primera parada de su
exilio en Estados Unidos.
A
la misma hora, en La Paz, el Congreso Nacional formalizo la
investidura del vicepresidente Carlos Diego Mesa Gisbert,
aceptable a la oposición porque cuatro días
antes había decidido retirar su apoyo al presidente
"porque los acontecimientos se han venido desencadenando
ininterrumpidamente con un coste de vidas humanas que mi conciencia
de ser humano y de vicepresidente, y de hombre comprometido
con la ética, no puede tolerar".
Mesa,
quien quería "romper los escenarios de confrontación"
que habían llevado el país al caos, proponía
la convocatoria de un referéndum "vinculante"
sobre la cuestión del gas, la modificación de
la Ley de Hidrocarburos para permitir recaudar más
al estado y el lanzamiento de la Asamblea Constituyente.
Con
eso, Morales y los demás líderes opositores
le concedían una tregua social de 90 días al
nuevo presidente. Pero la suerte de Mesa estaba echada. Entre
un congreso que vacilaba en aprobar las reformas propuestas
por el presidente y las masas radicalizadas en la calle, Evo
Morales, para no quedar a la zaga de la CSUTCB, la Fejuve,
la COB y demás organizaciones sociales y laborales
que demandaban la recuperación por el Estado del gas
y el petróleo sin consideraciones de ningún
tipo con las compañías privadas, iba a jugar
un papel determinante, como lo había jugado en la caída
de Sánchez de Lozada.
El
5 de diciembre de 2004, en un ambiente caldeado por la emergencia
de las movilizaciones callejeras, el estallido de unas bombas
de naturaleza claramente terrorista y la denuncia por Morales
de que las Fuerzas Armadas y la Embajada estadounidense estaban
preparando un golpe de Estado, se celebraron elecciones municipales
y el MAS, por primera vez, fue la fuerza más votada
con el 18,4% de los sufragios en todo el país. Su retroceso
de más de dos puntos en relación con las presidenciales
de 2002 quedó eclipsado al ser la única fuerza
que crecía con respecto a las municipales de 1999:
todos los partidos importantes del centroizquierda, el centro
y la derecha cayeron en picado.
Cuando
en mayo de 2005 la Cámara de Diputados, al tratar de
la nueva Ley de Hidrocarburos, no recogió el deseo
que las regalías fueran del 50%, deseo que a estas
alturas ya era una exigencia indeclinable para el MAS, Morales
arengó la enésima tanda de protestas antigubernamentales,
en las que decenas de miles de indígenas, campesinos
y mineros protagonizaron marchas, paros y bloqueos.
Ante
la imposibilidad de contener el pandemónium que se
había adueñado del país, Mesa dimitió
con carácter irrevocable el 7 de junio.
La
noche del 9 de junio, en un desenlace reclamado por el MAS
y sus aliados, y asumido también, en aras de la paz
social, por las Fuerzas Armadas, la Iglesia católica
y el propio Mesa, el presidente de la Corte Suprema de Justicia,
Eduardo Rodríguez Veltzé, un juez cuyo apoliticismo
debía facilitar la distensión que el país
urgentemente necesitaba, fue designado el nuevo presidente
de la nación.
En
un clima inmejorable para la realización de sus expectativas,
Morales y los suyos se prepararon para las elecciones con
el lema 'Somos pueblo, somos MAS'. El 18 de diciembre bajo
las banderas de la nacionalización de los hidrocarburos
y la abolición del sistema neoliberal, Morales ganó
la presidencia con un impresionante 53,7% de los votos, con
una participación del 84,5% del electorado nacional.
"La política es la ciencia para servir al pueblo
y nosotros vivimos para la política y no vivimos de
la política. Ha llegado la hora del cambio, de la esperanza,
de un futuro mejor para nuestros hijos y para nuestros nietos."
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