con presidente Sudafricano Thabo Mbeki
 
 
 
Las convenciones sobre estupefacientes de las NN.UU. vulneran los DD.HH. de los pueblos originarios de los Andes.
coca > réévaluation
 
       
   
La despenalización de la hoja de coca es de suma importancia para el gobierno del MAS, que llego al poder exigiendo el respeto para esta planta sagrada de las culturas originarias del continente sudamericano.
En los países suramericanos donde se usa tradicionalmente, hoy en día y gracias a décadas de resistencia, el coqueo es respetado y aceptado por la ley, como son los casos de Bolivia, Perú, Colombia y Argentina, o tolerado por las autoridades, como en el caso de Chile. En aquellos cuatro países el aprovisionamiento del mercado interno también es regulado por ley.

Con Condoleezza Rice

Pero en los casos de Argentina y Chile, donde la hoja no es cultivada, el abastecimiento depende de la importación ilegal del producto desde Bolivia y Perú, abriendo la puerta a la arbitrariedad y la coima.
En los tres países cultivadores el monto cultivado es estrictamente regulado por ley y controlado por instancias fiscalizadoras nacionales e internaciona-les. La exportación es permitida a contadas compañías, hecho que ha creado un virtual monopolio extranjero con este recurso naturale de los Andes.

En el ámbito de la legislación nacional, el gobierno boliviano esta preparando cambios a la ley 1008, en el sentido de ajustar el cultivo permitido a la necesidad real del mercado. Se espera además que crezca el mercado a la medida del aumento de la manufacturación y promoción de una gama de productos hechos a base de la hoja de coca. Pero la verdadera prueba esta en el ámbito internacional, ahí donde mandan las convenciones de las Naciones Unidas, las mismas que prohiben el libre comercio de la hoja. En este foro la voluntad de la soberana Bolivia se enfrenta a la de los EE.UU. y su imperio sobre el concierto de las naciones. En efecto, todas las naciones del mundo, excepto África del Sur, han adherido a la Convención Única de Estupefacientes, de 1961, que enumera los estupefacientes prohibidos e incluye la coca en su lista. Esa convención es, por su rango, superior a una ley nacional y el camino para denunciarla es largo y acarrearía consecuencias internacionales y posibles sanciones.

Hasta la fecha la estrategia del gobierno boliviano ha consistido en poner énfasis en su adhesión total a las convenciones de drogas - hasta a pedir mas empeño por parte de EE.UU. y otras naciones claves en el combate al narcotráfico - mientras reclama la exclusión de la coca de las listas de estupefacientes. A tal efecto esta haciendo gestiones ante la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas, con sede en Viena. El trabajo será arduo, porque tanto EE.UU. como la U.E. se oponen, mientras ningún otro país, ni siquiera Perú, se ha declarado a favor.

Un otro camino para conseguir la exclusión de la coca de las convenciones pasa por la Organización Mundial de Salud en Ginebra, donde el gobierno boliviano pretende hacer valer su tesis sobre los valores terapéuticas de la hoja.
Dada la experiencia en 1995 con el Proyecto Cocaína, un estudio sobre el uso de la coca y la cocaína patrocinado por la OMS, que enfoco el uso de la coca desde una perspectiva positiva - hecho porque su publicación fue vetada por el representante de los EE.UU.- parece muy improbable que los resultados de una intervención en Ginebra darán mejores resultados que aquellos obtenidos hasta la fecha en Viena.

Por otro lado el presidente Morales ha obtenido respaldo para su política de despenalización de la CAN, la Comunidad Andina de Naciones, que reagrupa a Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, mientras en Argentina el tema ha inaugurado un debate nacional. Con un consenso suramericano las demandas bolivianas tendrán mucho mas peso en el momento de las decisiones, momento que llegara probablemente recién en 2008, cuando la segunda reunión de UNGASS, la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas.

En caso de que todos estos trámites no dan resultado, el gobierno de Morales tiene siempre la opción de denunciar unilateralmente las convenciones internacionales para juntarse a África del Sur en el muy exclusivo club de los non firmantes.